martes, 28 de febrero de 2012

We need to talk about Oscar

 

Existe el mito de que, en cada entrega de los óscares, las verdaderas mejores películas son las que eligen los guionistas de la ampas para competir por los dos premios que otorgan en cada ceremonia.

En el 2002, Chicago se convirtió en la última película musical con más votos para obtener el máximo aunque más básico premio que otorga la ampas, después de 34 años en los cuales las únicas obras del género en conseguir esa candidatura habían sido La Bella y la Bestia y Moulin Rouge, películas consideradas “con pocas probabilidades de ganar” por tratarse de una película para niños y un delirio seudo posmoderno. Pero Chicago, comparada contra las otras candidatas de su año, al menos, resultaba sin dudas la mejor: “Simultaneidad entre la construcción más brillante y el virtuosismo omnitangible donde todo se vuelve show” (Ayala Blanco, El cine actual, plabras clave, Océano, México, 2005).

A pesar de esto, hubo informes de que los votantes consideraron aquella época como “un mal año para el cine”. Revisando el resultado de aquella votación, acudiendo además al mito de que la verdadera mejor película es la que recibe el mayor número de votos de los guionistas, puede que el supuesto infortunio fílmico del que se hablaba en aquél año se explique si recordamos que, en la papeleta que contenía el resultado de la votación para elegir al mejor guión original, no se leyó el nombre de ningún escritor gringo, sino el de Pedro Almodóvar, junto con el de la película por la cual recibía por segunda vez una estatuilla desnuda y nuevecita: Hable con ella.

Podríamos volver a ver una y otra vez todas (sí: Todas) las películas de Almodóvar con tal de tener el placer de escribir las páginas que sean necesarias para describir y, si es necesario, defender su estilo. Y, la película por la cual recibió ese segundo Oscar, seguiría siendo una de nuestras experiencias fílmicas más favoritas, seguramente. Por eso, no nos extraña que esa superioridad fuera reconocida por los mismísimos escritores académicos de Hollywood.

Además, muchas veces, películas que resultan candidatas a este reconocimiento, no son consideradas para ninguna otra categoría. Le pasó a Los excéntricos Tenembaum, American Splendor, Hiroshima, mon amour, Mon Oncle D'Amerique, Europa Europa, Los 400 golpes, El año pasado en Marienbad, Fresas silvestres, Trainspotting, Sex, Lies and videotape, recientemente le pasó a Another year, le ha pasado a Woody Allen y a un número importante de autores y películas. En la misma entrega del 2003, los guionistas de About a boy, My big fat greek wedding e Y tu mamá también, de Alfonso Cuarón, tuvieron que esperar un ratotote de la ceremonia para que llegara el momento de anunciar que, esa única nominación que ostentaban, se quedaría en eso. Pero todavía podían ir a la fiesta.

No es tan extraño que una obra candidata a mejor película extranjera compita por el premio de guión. Entre éstas están Amelie, A separation y varios títulos de Fellini. Sin embargo, ni la película de Cuarón ni la de Almodóvar habían sido elegidas como las representantes oficiales de las academias de sus respectivos países.

Aunque es común que la mejor película del año reciba, al menos, la candidatura por guión, existen casos en los que no ha ocurrido: Titanic (la más reciente; la anterior, de 1957, sí fue candidata para guión), The sound of music, hasta The Broadway Melody, apenas en una de las primeras entregas. Hamlet, de Olivier, no fue candidata al premio de guión, pero posiblemente porque en ese año no se premiaban las adaptaciones, sino las historias y los guiones. Nos encanta especular sobre la diferencia. Chicago no obtuvo el premio de guión adaptado, pero sí estuvo dentro de las 5 finalistas.

Es posibe sospechar que, aunque se consideran las virtudes del trabajo de guión, es decir, lo dramatúrgico del relato, el ordenamiento de ciertos hechos y el modo en que suceden cada una de sus secuencias, los votantes deciden a los candidatos también como un modo de renegar de un género que bien podríamos llamar “película para el Oscar”.

En las categorías de guión ha habido títulos llenos de gran cine que, como ya se mencionó, ni siquiera fueron elegidas para competir en cualquier otra categoría. Por ello, sospechamos que los escritores de cine votan a favor de esas aparentes decisiones de dirección que pueden ser también interpretaciones de guión, es decir, todas aquellas operaciones de montaje que no son exclusivamente estructuras de hechos sucesivos, sino escrituras que prevén modos de rodaje y resultados en pantalla que, quién sabe por qué, ni los directores ni los vestuaristas, músicos, actores y demás académicos pudieron ver.

domingo, 12 de febrero de 2012

Beats Rhymes & Life: The Travels of a Tribe Called Quest



El actor Michael Rapaport dirige este documental gracias al cual se hizo merecedor de una candidatura al premio Grammy. Para quienes no ubican a esta triple amenaza, que ha aparecido en películas de Woody Allen y que interpretó al novio de Phoebe en la serie de televisión Friends, no importa. Como director de documental, su presencia es externa, invisible e inaudible; su concepto, cronológico y funcional.

Continúa aquí

domingo, 4 de diciembre de 2011

Las más Alejandro del 2011

Miss Bala
Melancholia
Curling
Begginers
La piel que habito
Los Muppets
Crazy Stupid Love
Life in a day
Agnus Dei
Joan Rivers. A piece of work
Senna
Alamar
Midnight in Paris
Fuera de satán
We need to talk about Kevi
Martha Marcy May Marlene
(todavía no se acaba porque todavía no se acaba el 2011)

La piel que habito

Al modo de filmar perfecto se le conoce como Hitchcockhawksiano, entiendo: El más expresivo de los modos clásico. Su clasicismo radica en que su expresividad no es poética, sino funcional: La imagen no necesariamente es la metáfora, sino que, del modo más bello, se encuedra una acción que contiene ese otro sentido.


Así es La piel que habito. Una trama/película de historias que no se ven, de mentes enfermas cuya pasión les impide considerar alguna alternativa a su versión de los hechos. De suspenso del más fino. La imagen y los sonidos reproducen este universo de informaciones desconocidas, de hechos obstruidos, de sombras que no dejan ver y palabras no escuchadas. De confesiones parciales. De encierros de muchos tipos: En las propias convicciones, en las profesiones, en las convenciones no asumidas y en los sitios de reclusión. Hasta el encierro en el carnaval, como refugio.

Disfraces, deseos consumados, colores, músicas, formulaciones y reformulaciones de la relación entre el cuerpo y la apariencia, todo es un exceso. Pero uno coherente, gozoso.

Con Almodóvar me pasa que lo odio o lo amo. Si lo amo, se me vuelve lo máximo. Ahí: Disculpen.

Begginers

Lo malo de esta película es que no va a faltar quien la quiera resumir como la historia de un hombre que se enamora de una mujer al poco tiempo de que su padre acaba de morir, cuyos recuerdos se mezclan con la historia de muchas maneras.
Ptrrrrrrr...
No es cierto. No del todo. Es muy reduccionista.
No es cierto porque, también en la historia de amor, hay un momento que sucede de manera no cronológica; mejor dicho, fuera de sincronía, por voz off. Como una memoria o dos memorias simultáneas.
Burdo: Esta película es como si estuviéramos mirando lo que recuerda el personaje de Ewan McGregor, lo que pasa por su mente; mientras, él está sentado y tomando el Sol un día en que se siente muy satisfecho con el mundo. O le está contando todo esto a alguien. No se trata de cualquier película que cuenta una historia cronológica. Aunque no dudo que probablemente sería igual de conmovedora, o más.
Gracias a que no es cronológia, no solamente es entretenida, sino que se distingue de otros melodramas sobre familias e historias de amor que se cuentan en orden cronológico. Es decir, el desorden en la serie de hechos (que, puede decirse, funcionan como flashbacks), excepto en la historia de amor (que no me parece que se sienta como un eje temporal, una especie de presente; aunque se puede decir que funciona como tal), la convierten en algo más que una historia narrada con imágenes y sonidos. La convierte en UNA NARRACIÓN DE IMÁGENES Y SONIDOS. Única, o al menos diferente. Intencional. Dirigida por alguien.
No más burdo.
Todo en Begginers es memoria. Somos espectadores de un montón de rcuerdos ajenos que son una sola obra pero a la vez un montón de memorias cuya progresión dramática no se dicta con el orden acostumbrado sino que se intuye y se va construyendo conforme avanza todo eso que vemos. Es casi como una gozosa agonía letal.  Como cuando alguien nos cuenta su biografía y no parece que lleva apenas hora y media contándonos cosas.
 Hay que verla.

martes, 12 de abril de 2011

Mis películas favoritas

Mis películas favoritas se clasifican en:

- Favorita independiente: Lost in translation
- Favorita Dogma: Italiano para principiantes
- Favorita de Woody Allen: Stardust memories
- Favorita de Agnes Varda: Jaqcuot de Nantes
- Favorita de la nueva ola: Vivir su vida, Cleo de 5 a 7
- Favorita de Godard: Una mujer es una mujer
- Favorita documental: Cartas desde Siberia
- Favorita comedia 80era: Sweet sixteen
- Favorita infantil: Little Manhattan
- Favorita Terror: Carrie
- Favorita thriller: Birth
- Favorita Hitchcock: Psycho
- Favorita comedia 90era: First Wives Club, Four weddings and a funeral, My best friend's wedding, The wedding singer, Shakespeare apasionado
- Favorita mexicana: Los hermanos del hierro, La soldadera, Dos monjes, Nesio
- Favorita musical: Los paraguas de Cherburgo, Chicago
- Favorita comedia primera década siglo XXI: Bridget Jones, Love Actually, Notting Hill, Bridget Jones 2
- Favorita favorita: Hambre, Copia Fiel, Mulholland Drive, Los cosechadores y yo, Begginers, Chicago, Lost in Translation, La piel que habito
- Favorito melodrama: Camino, Black Swan
- Favorita hermanos Coen: Barton Fink
- Favorita con personajes gays: Swoon, Un chant d'amour
- Favorita #telenovelabienhecha: La habitación del hijo, Todo sobre mi madre
- Favorita adaptación literaria: Virgin suicides, Tristram Shandy
- Favorita Kubrick: 2001
- Favorita "Lolita": Adrien Lyne
- Favorita superhéroes: Elektra, Batman regresa, El avispón verde, Transformers 1, Tron legacy, Batman inicia, El caballero de la noche
- Favorita funerales: Death at a funeral, Cinco días sin Nora
- Favorita donde fuman: It's complicated
- Favorita "equilibrio perfecto entre fondo y forma, nada arbitrario, todo funcional y narrativo": Belleza Americana
- Favorita por el final: Manhattan, El apartamento, Punch Drunk Love
- Favorita por incluír número musical en su estructura: Love Actually, Magnolia, 500 Days of summer
- Película chilena: Tony Manero, La Nana, Gigante
- Película argentina: El custodio, La sangre brota, Glue
- Película uruguaya: Whisky, 25 Watts, Hiroshima
- Película de Wes Anderson: Los excéntricos Tenenbaum

jueves, 7 de abril de 2011

Presuntos culpables

Sus carotas de mosquitos muertos.

La segunda escena de La otra familia es una boda católica entre una pareja gay. Pasa como a los cinco minutos de que empieza la película. Y ya dan ganas de vomitar. La película cuenta su historia a punta de campos contra campos, dizque planos secuencia que ni sintéticos ni analíticos, personajes que hacen las cosas nomás porque son muy buenos o muy malos, y un pinche mocoso estúpido que nomás llora o habla tan despacio que desespera, no sin dejar de mencionar el peluquinazo que le ponen al pobre de Silverio Palacios, la infinitesimal aparición de la ya de por sí inifinitesimal...¿cómo se llama? ¡Carmen Salinas! (Si se pensaba que la pregunta era por Nailea, también), y una larga lista de defectos.

Lo más incoherente, inverosímil, anacrónico, retrasado, mojigato y falso no es la boda, ni la forma en que el niño llega a manos de la lesbiana que lo lleva con los gays que se lo regresan a la mamá drogadicta que por drogarse permite que su amigo dealer haga un deal para que una pareja heterosexual "de varo" le pague por el niño nomás para que la susodicha pareja le regrese al susodicho niño a la susodicha pareja gay no sin quitarse de llamarlos anormales...no. Lo más incoherente es que se pretenda cobrar por ver esto. Lo más inverosímil es la cantidad de dinero gastada en producirlo. Lo más anacrónico es la necesidad de escribirlo. Lo más mojigato es la guadalupanez de los personajes. Y lo más falso es la secuencia con cancioncita.

No vale ni un peso de lo que costó. Ni la película ni el boleto para verla.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Breves sobre la muestra

Submarino: La decadencia hereditaria, en una perturbadora pieza dramática, tan desequilibrante como admirable, estructurada a partir de la vida de una pareja de hermanos no muy cercanos pero definitivamente parecidos, escribiendo y reescribiendo la trama desde la perspectiva de cada uno de ellos, pilares endebles orillados a padecer una inminente ruina criminal.

La pivellina: Fascinante relato de ficción documental, como se le puede decir al neorealismo de épocas recientes (en todas sus puestas: Cámara, escena, sonido), construído alrededor de una espontánea no actriz de dos años.

El extraño caso de Angélica: Como obra y como género, fantástica fábula de amor, locura y muerte, en la que un fotógrafo se apasiona con su retrato de una mujer muerta que revive tras ser revelada en papel. Especialmente efectivos sus efectos especiales, de una bella y elocuente simpleza.

Hahaha: Enredo amoroso, medio woodyallenesco, manhattanoso, filmado sin mucho artificio pero con mucho humor, cuyo sentido se sostiene por el diálogo y la acción. Como un sitcom padre, de dos capítulos.

Un hombre que llora: A cerca del arrepentimiento que sufre un padre por tener que enviar a su hijo a la guerra, esta historia trágica es desafortunadamente una película que batalla contra un cine cursi, enfrentamiento del cual no sale bien librada.

La mirada invisible: Por construir todo el sentido de su trama a través de la acción, filmada con mucha sugerencia, evitando el diálogo explicativo, y otras formas muy convencionales de desarrollar el drama, esta película se distingue de otras obras que rememoran la dictadura militar argentina, o cualquier acontecimiento histórico, pues resulta sugerente y deductiva.

Tetro: Barroca, como en "insensata prolongación del clasicismo" (Liandrat-Guigues y Leutrat), y aburrida.

De hombres y dioses: Equilibrado melodrama, en torno a la relación entre los monjes franceses de un monasterio católico en el Magreb y los guerrilleros musulmanes que invaden la zona. Altamente conmovedora, sobretodo por evadir los excesos del sentimentalismo, aunque por un margen angosto.

El amor de mi vida: Larga, pero jamás lenta ni exahustiva o reiterativa; exquisitamente fotografiada y vestida. Romántica, de verdad. Especialmente virtuoso el ataque casi letal de amor que padece la protagonista.

Los gatos persas: Película que delata su bajo costo pero también su alto esfuerzo por relatar la difícil situación que viven los rockeros iraníes que desean vivir de la música. La economía de la cámara en mano, virtud y defecto, se compensa por la carga expresiva depositada en los personajes y la trama. El director, además, participa como personaje, en un abismo que pone en diálogo la realidad y la ficción, pues él mismo forma parte de esa comunidad que protagoniza su relato.

Verano de Goliat: Gozo capricho, por deliberado; aunque mamerto. Libre pero no genial. Mejor dicho: Ocurrente, básico y vacío de trama o concepto. Pero gozoso.

Los niños están bien: Una película clásica sobre un tema difícil, que suscita menos una polémica sobre aquél que sobre el cine, por valerse de los clichés del cine independiente, dependiente de las estructuras convencionales de género, star system, encuadre, y otros lenguajes del cine carentes de inventiva o de un poquitito de arte cinematográfico; lenguajes que así se seguirán viendo porque de todas formas al espectador no se le ha enseñado ni él se ha preocupado por aprender que el cine es un fenómeno aparte de las historias que puede narrar.

Conocerás al hombre de tus sueños: Comedia de gran concentrado final. Película senil. El toque perdido de Woody Allen, sobre todo en esa escena del reclamo familiar por la cancelación de la boda: Una discusión a mil voces, recurso típico del cineasta, pero sin la gracia o la construcción típica. Y asqueroso Antonio Banderas queriendo actuar de neoyorkino con acento.

La leyenda del tío Boonmee: Hipnótica del radicalismo subexpuesto, acronológico. Espectáculo del cine en el extremo opuesto de todo.

Copia fiel: A partir de una teoría del arte, la teoría del lenguaje y el comportamiento humano, como una cadena de semejanzas, representada y expresada a través de una relación amorosa. Magistral.

En un rincón del corazón: A pesar de las maravillosas sutilezas expresivas de Elle Fanning, las pole dancers con sex apeal de robot, y el shot inicial, la extendida duración de casi todas las escenas, reiterativas hasta para sí mismas, y para la pelicula anterior de Sofia Coppola (en prácticamente una fotocopia de Perdidos en Tokio), ponen su última obra más del lado del defecto que de la virtud.

Dulce hijo: Una película que inicia como una interesante provocación sobre el cine dentro del cine, pero termina siendo un simple melodrama sobre venganza y muerte.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Somos lo que hay...

Y nos aguantamos.

Nos aguantamos a lo que está en pantalla, pero más a lo que no: Los trancazos, la sangre, el supuesto gore (uuuy, ¡vanguardia! Ptrrrr).
Nos aguantamos a lo que está en los diálogos y a lo que no.
Nos aguantamos mientras tratamos de entender si es en broma o en serio esa como crítica a la sociedad...porque a lo mejor todos somos como caníbales...¿no?
Nos aguantamos, además, al como anuncio de secuela, en ese shot final de la única sobreviviente de la familia caníbal, mirando a cámara, como diciendo: Soy lo que quedó. Y se aguantan.

Definitivamente: Qué alguien me explique.

The Zzzocial network


(Otra vez pura historia. Y entonces la película se trata más de la historia y no de cómo está, por lo menos, contada. Ya no digamos expresada.)

¿Qué me importa si Mark Zuckerberg no tiene amigos, mas que en Facebook? ¿Qué me importa si hubo un junior trajeado, unos gemelos rubios y un chino con algunos diálogos, sacando provecho del pleito legal por la autoría en la creación de ese sitio web? ¿Qué me importa, si, en primer lugar, la película al respecto no es más que puro diálogo?

¿Me tiene que importar porque en el fondo es una película sobre la necesidad de reconocimiento?
¿Me tiene que importar porque, en el fondo, el conflicto es el de todo ser humano: Dinero y sexo?
¿Me tiene que importar porque sale Justin Timberlake actuando de Justin Timberlake actuando de Scott no sé qué?

De todas las formas en las que se pudieron haber expresado los hechos que describe The social network, la película se queda en puras palabras, yendo y viniendo, a veces, entre varios pasados y un presente, asunto de montaje que parece más un recurso para reducir su duración que una verdadera estrategia estilística.

Ni siquiera la escena de la competencia de remo, eficaz por la musicalización; o el aparentemente vertiginoso diálogo inicial, eficaz por resumir el motor de algunas capacidades creativas; mucho menos el hecho de tener a un actor haciendo de gemelos, como si fuera telenovela mexicana; ni siquiera la mera escena final, que con una sola acción dice por lo menos una cosa más; nada de eso consigue expresar, a través del cine, cualquier cosa que no esté ya en los diálogos o las acciones. Las cuales, en efecto, se ven y se escuchan, pero eso no quiere decir que funcionen expresivamente.
¿Querían cine? ¡Pues tengan!

domingo, 24 de octubre de 2010

Fraudiful


Cineastas necios que os regocijáis en los azotes de la miseria sin razón.

Que creáis personajes tan barrocos como superficiales, y os fundáis en tramas tan barrocas como oportunistas, sin razón.

Que tenéis que fusilaros el inicio de Los amores de una rubia, sin razón.

Que filmáis una película en Barcelona, pero decís que es mexicana. Que pudistéis haber filmado en México, pero enconces no hubieses tenido al actor que queréis, sin razón.

Que teneís que subir el nivel de la música para compensar que la trama no es perturbadora ni conmovedora, ni enseña ni informa ni sensibiliza, sino lo vuelve a uno más escéptico del esnobismo miserabilista virtuosamente fotografiado y decorado en paleta de color, sin razón.

martes, 5 de octubre de 2010

Ni El imperio de los sentidos, ni Bridget Jones



La siguiente es una atenta invitación a ir al cine a ver Año bisiesto, enojarse muchísimo y esperar que Michael Rowe jamás vuelva a hacer películas. Por lo menos no en México. Ni con dinero mexicano.

Laura perdió su virginidad a los 12 años, cuando la violó su papá, quien murió un 29 de febrero, fecha que ella marca con rojo en el calendario, y que se convertirá, espontáneamente, en el día en que sus vicios sexuales podrían ser su boleto de viaje rumbo a una muerte paradójicamente tranquila y placentera.

En una escena de Año bisiesto, el brillo de un rayo de sol inunda todo el cuadro con mucha belleza fotográfica, pero plenamente desligada de cualquier significado narrativo. De antemano se nota una película dirigida por un guionista sin formación de cineasta (sic) quien además testifica haber pensado “ya chingué” cuando, con su proyecto, convenció a los veinteañeros productores de la casa Machete.

Un guionista sin formación de cineasta significa ser alguien aparentemente capaz de narrar, hasta que, en sus propias palabras, afirma que “para hacer una película sólo hace falta una buena historia, buenos actores que la interpreten, y una cámara con la cuál grabar.” Lo demás, dice, es parafernalia.

Eso no es lo peor. A su falta de criterio como cineasta, se le suman las contradicciones. Según él, la frialdad en el uso de la cámara fija es un recurso que deserotiza el contenido de las escenas, más bien deserotizadas ya desde que la protagonista no es sino un personaje de comedia involuntaria ("la verdad, algunas risas de los espectadores sí me molestan"), que come directamente de la lata de frijoles o del bote de helado, mientras mira comerciales de dildos o lee a Erich Fromm. Deserotizadas también mediante encuadres baratos, para poder decir que la película no apela a la superproducción millonaria (a pesar de haber costado millones de pesos, entre dinero e impuestos); encuadres también cobardes, emplazados para poder filmar el sexo actuado en toda su falsedad.

Hay otra escena en la que un personaje orina sobre el cuerpo desnudo de la protagonista. Y otra en la que ella lo masturba, hasta dejar la eyaculación oportunmente fuera de cuadro.

No que muy atrevidos.


¿Qué clase de jurado habrá entregado este premio?

Peor: ¿Cómo habrán estado las otras películas?

Mejor hay que ver esta:

viernes, 21 de mayo de 2010

2010, por tus películas, estás tan bueno que me vas a matar

La película de terror sin monstruo.

Camino, el monstruo de la mente. Hambre, el monstruo de la injusticia justiciera. La primera se enfrenta a una malinterpretación, a unas creencias aparentemente útiles pero, en el fondo, pesadillescas. La segunda confronta la insurrección con la institución en sus condiciones más radicales. En ambas películas, media el dolor más tangible y sensorial, el más condicionante y conflictivo de todos: El que lleva a la muerte, inevitablemente.

En Camino, el aparato estilístico artificioso conduce al melodrama hacia excesos muy proclives a la ambigüedad/paradoja, dependiendo de como se la vea. Hasta número musical y asomo de cuento de hadas aparecen entre sus diversas formas, para conducir a la siempre interminable discusión a cerca de si nada más es para chantajear o si, por el contrario, es para hacer una crítica no tan indirecta sobre su tema. Para este blog, esa es garantía de que el dinero del boleto será bien invertido.

Hambre, por el contrario, se entrega abiertamente a la marginalidad de sus formas extremas pero con sentido de violencia bien definido, además de un estilo que domina al argumento, convirtiendo a la obra en un acto de expresión de la violencia y no una ilustración/explicación de un hecho alejado en el tiempo. Tampoco hay arrepentimiento. Ni en la película ni en el pago por verla.

domingo, 31 de enero de 2010

La amargura es un ave rebelde


Al grano. Cada vez más Woody Allen pierde menos el tiempo y va directo a donde quiere ir. En friega, Larry David se para frente a los espectadores y, ante un universo de escépticos compañeros de reparto, encerrados en su universo de ficción, se relaja y, con un amarguísimo pero muy sabio desplante totalmente anticlimático, nos dice la verdad: Esto es una película.


Diferente que cuando Tom Baxter se sale de la pantalla, similar a cuando Cecilia acepta el espectáculo como escape a la depresión en tiempos de crisis. Claro que, en el caso de Whatever works, el enfrentamiento con la realidad va más lejos que el de el personaje y el actor.


Algo sobre la anécdota: Los seres humanos son esa especie llena de ignorancia destinada a una pronta extinción, a menos que... Esa parte la dejamos para los que quieran ir al cine, en caso de que la película se estrene en México algún día.


Whatever works está llena de intención en sus diálogos, todos llenos de discurso. La ventaja es que es un discurso tan honesto que parece inhumano. Como una sátira involuntaria llena de verdad.


Muchas secuencias parecen sacadas de una obra teatral, concentradas en el ritmo del diálogo, la actuación, filmadas en plano general y llenas de personajes. Otras carecen de inventiva. Pero esas otras sencuencias de una toma sin diálogo y las típicas conductas ansiosas y verborréicas nos devuelven a la esencia.


Evan Rachel Wood está excepcional, como la nueva poderosa afrodita. Larry David es el mejor Woody Allen representado hasta ahora.

domingo, 17 de enero de 2010

Columbus-Sancho en pro de la colonización del último rincón seguro de U. S. of Zombieland



Zombieland empieza por burlarse de la idea de que United States es todo el mundo.

Caderazo a todas las películas de catástrofes apocalípticas dizque basadas en los fenómenos naturales que dizque van a terminar con el planeta. Nalgadita coqueta a las películas de zombies cuyos monstruos infunden un miedo para nada irrisorio. Guiño cachondo y grotesco a los fluidos, las mordidas y las sabroseadas de la carne y los huesos. Gancho al hígado para las tramas lineales y los argumentos encausados en la resolución del conflicto y nada más.

Zombieland podría ser nuestra película favorita de todos los tiempos, sí. Es una película totalmente narrativa, pero con un planteamiento inicial muy diferente, una secuencia de créditos obscenamente divertida, y una desparpajada y atípica (aunque traiga el sello de Hollywood), serie de circunstancias que sabotean y satirizan la forma de hacer películas de acción y horror, en muuuuchos sentidos (hay uno en específico que no se puede contar porque de veras se arruina todo el numerito).

Con rumbo fijo pero desviándose como le dicta la regaladísima gana, la película se desentiende de la trama para hacer burla y gala de paranoias, últimas oportunidades, nada que perderes, falsas pistas, clichés de susto; mediante corte directo, rampas de velocidad, la típica convención de "el zombie que en realidad es muñeco pero no se nota", violincitos premonitorios y personajes diseñados para aprender unos de otros, no sin antes alejarse de la identificación con el público gracias a sus excéntricas actitudes.

Nos ha dado hambre.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Apuntes sobre la llamada piratería.


(Influído y dedicado, por qué no, por y para la brillantez de mi gurú)

1.- No todas las películas pirata se ven mal.

2.- Las películas pirata hablan mal de ti cuando compras Luna nueva o Wolverine.

3.- Los "piratas" no son delincuentes. Algunos se toman muy en serio su actividad como distribuidores de la cultura. Además, saben lo difícil que es levantar un negocio de distribución y exhibición de películas que a lo mejor ni en el cine normal van a estar. Por ello, optan por la práctica, efectiva y exitosa fórmula del comercio informal.

Por si fuera poco, saben más de cine que cualquier empleado de las cadenas que conocemos. Algunos te explican las películas yendo más allá de la sinopsis y, los poquitos expertos, saben de la inexistencia e inoperabilidad del término "cine de arte".

Los anuncios contra la piratería que pasan en el cine son un discurso que ni los dueños de las cadenas se creen.

jueves, 19 de noviembre de 2009

El código usual y todo lo demás.


La actriz fetiche del momento disfrazada de los personajes de las actrices fetiches de antaño. Todas las "chicas Almodóvar" en una, deshecha en secuencias disfrazadas de los dramas pasados. Todo, bajo el pretexto seudofilosófico ultramanchego de que siempre se hace la misma película, o no sé qué patraña por el estilo.

Acusan en cinécdoque de onanismo mal actuado.

Aquí, de amasar sin hornear. Se levantan los huevos a punto de turrón; se hace una pasta con la harina, la leche y la mantequilla; y se abre la revista en la página donde viene la receta.

Para hacer su pastel de suspense (leído con todas sus letras, como los españoles), reúna los ingredientes pero no los mezcle. Es bien importante poner mucho de lo que más le guste o crea que a los demás les va a gustar, y batirlo por separado. El betún de música y colores es bien importante. Si su fotógrafo la caga, no se preocupe, el pretexto narrativofilosófico bastará para que la película, digo el pastel, sea considerado un objeto artísico.

Si el decorado de suspense no tiene nada que ver con lo demás, tampoco se preocupe: La embarrada será gozosa.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Antihéroes de la patada


Tragicómica apología del hooliganismo. Realista y telenovelesca en dosis similares, para no quitarle ni lo social-crítico ni lo cursi-cinematográfico. Co-protagonizada por las surrealistas apariciones de un futbolista/actor/productor ejecutivo, metidísimo en el papel de su propio personaje. Aderezada con el glorificante stock para salir del cine corriendo rumbo al Salón Corona para ver el partido.

Buscando a Eric: El melodrama reivindicador de la autoayuda basada en el antiheroismo, en la mente feliz como paliativo de la circunstancia jodida. En el cambio de plano no inventivo sino necesario, única y exclusivamente necesario. En la confusión mundial de las instituciones sociales. En lo más último del primer mundo.

Violencia para más violencia. La última reivindicación es la de la gente contra las enfermedades sociales: Formar anticuerpos. Atacar. En corte directo, descuidando el overlap sin dejar de acudir a él. Construyendo elipsis, sospechosamente sin premeditación.

Buscando a Eric, encontrando otro melodrama diferente.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Divina


Pachequísima oda a las pesadillezcas perturbaciones que provoca la paranoia por el temor a los castigos divinos en vida y el irrefrenable avance de la desgracia.

Perturbaciones: La familia sorbe sopa sonorosa, la con fusión pesadilla realidad, el cochino vecino asesino, el soborno inevitable, el divorcio absurdo y sin causa, y el aberrante perfeccionismo setenterista. Retorcidos contenidos filmados lo más clásico.

Pesadillas: Chueca la fumada visión rebeldescapista en el sentido de la acción y del encuadre; indefinida la desgracia soñada de la vivida, sin avisar y por corte directo, tan real que rebasa al cliché típico del "y resulta que estaba soñando".

Castigos divinos: La música puede sonar a composición orquestral convencional pero subyacen melodías y pequeños temas o variaciones llenos de tensión tonal y dramática, por ende. En apariencia, la composición visual aparenta estética pero sus elementos carecen de armonía no visual. Como producto de una purificación, las desgracias se terminan, pero siempre habrá tiempo para otras.

Y así las cosas.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

OTRA DE AMOR


Más que "un logro del cine indie", y muchas cosas que se han dicho, 500 days of Summer, con mayúscula, es OTRA película sobre un fracaso amoroso. Pero, a diferencia de muchas de esas OTRAS, las ventajas de esta se hallan en su parecido inventivo y expresivo con, por qué no decirlo, Annie Hall. Sólo que para inmaduros emocionales peterpanescos sigloveintiuneros cursis y medio hypsters. Tampoco se emocionen.

Igual que con la película de Woody Allen, esta película focaliza y defocaliza la diégesis de muy diversas formas. O sea: Desarrolla una historia dentro de un universo ficticio, que transcurre convencionalmente en espacios reales y en un tiempo real -o sea, refleja la vida cotidiana, crea la ilusión de realidad, o como quieran decirle; mientras que, alternadamente, hace a un lado esa diégesis para hacer sentido mediante otros recursos -o sea, le vale madres seguir con la ilusión de realidad y se pone a hacer otro tipo de cine para decir cosas sobre sus personajes o sobre otros asuntos.

Lo malo es que Annie Hall posee unos niveles de significación infinitamente superiores. No lo decimos por la presunta "seriedad" o "profundidad", o como quieran decirle, de sus personajes o de su trama, sino por las relaciones semánticas y sintácticas entre forma y contenido, entre el cine y la historia/trama. Con comparar el final de una película y otra basta.

Dicho de otro modo:

500 días rompecabezados. El amor, la pena, el primer encuentro, el flechazo, la decepción, el rompimiento, la ilusión, el ligue, el reencuentro, estructurados en desorden pero ordenados por la intencionalidad de sus formas: Parodias de algunas películas grandiosas, parodia de un estudio antropológico coreografiado por la voz off, la imagen congelada, el formato de imagen cuadrada, el manierismo blanquinegro; el número musical cursi pero estorbosamente divertido; la pantalla dividida entre la expectativa y la realidad; el enmarcamiento de un romance dentro de una época que remite a su seductora ¿antagonista?; la irónica y contextualizadora nota inicial; la revolución semántica de la misma serie de planos de la - de nuevo- ¿antagonista?; etcétera.

Véala y entiéndala. O al menos véala.